Uzbekistan

La ruta de la seda en Asia Central


Uzbekistán: tierra de Sol, de desiertos y valles fértiles. De ciudades que esconden entre sus calles peatonales leyendas de bellas princesas y cuentos de jóvenes jugando entre jardines y patios de almadrazas. Su historia más lejana nos lleva hasta la época de Ciro el Persa, en el siglo VI a.C., cuando sus antiguos pueblos nómadas, recién conquistados, fundan ciudades como Samarcanda, Bujará o Jiva, que más tarde, a lo largo de los siglos, irán siendo protagonistas y centros de gravedad de muchos de los acontecimientos que ocurrirán en Asia Central.
Por estas tierras pasaron las caravanas de la Ruta de la Seda, transportando mercancías y todas las tradiciones, culturas y religiones que a través de su largo recorrido desde China hasta Roma se unían a los comerciantes. En estas ciudades, se pueden ver los más maravillosos monumentos del país, cuya arquitectura representa fielmente el arte islámico que se desarrolló durante los siglos X y XVI. La Plaza del Reguistán y el Mausoleo de Tamerlán en Samarcanda, o el conjunto Kalián de Bujará, constituyen bellezas únicas que reúnen el esplendor que acompañó a Asia Central en la época de los Timuridas (descendientes del famoso Tamerlán). Jiva, un oasis situado casi en el extremo occidental del país, entre los límites de los dos mayores desiertos de la región, abraza en su centro un casco antiguo amurallado donde el visitante se siente transportado hasta una época lejana. La Ciudadela está catalogada por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad; un recinto cerrado donde los sonidos artificiales apenas resuenan entre las vistas de las almadrazas, minaretes y mezquitas.